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El medio del bosque

por Malambo en Bloxito.No leer | 2007-06-14 | 2 Comentarios


Empezó como un chiste. Algunas cosas profundas de la vida suelen empezar en broma. Es que el chiste y la tragedia comparten su ineludible fatalidad: tienen que ser así, no pueden terminar de otra manera.

La pregunta era: ¿Hasta dónde podés entrar en un bosque? Y había varias respuestas: Hasta que te cansás; hasta que te volvés; hasta que te perdés...

Sin embargo, la respuesta correcta es hasta la mitad, porque después empezás a salir.

Pero la mitad no está marcada ni es un lugar especial, es igual a cualquier otra parte del bosque. No sabemos, ni nadie nos avisa que ya pasamos o estamos pasando por ese centro. Sólo nos damos cuenta que existió un medio cuando divisamos el final, cuando empezamos a ver cosas que no son árboles.

¿Y con la vida? ¿Qué pasa con la vida? ¿Quién nos informa que aquel día, a esa hora precisa, estábamos pasando por la mitad exacta de nuestra vida? ¿Habremos superado ya esa línea? ¿Cuál fue? ¿Qué cosa intrascendente estábamos haciendo justo en la mitad de nuestra vida?

Él tampoco lo sabía. Nunca me avisó que a partir de este momento sólo podría disfrutarlo una cantidad de tiempo igual a la que ya lo habíamos disfrutado.


Bloxito.No leer | El medio del bosque (2007-06-14 00:39) | 2 Comentarios

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Comentarios

1
De: Avk Fecha: 2007-06-14 20:20

hola! yo creo que la vida, como el mar, no tiene mitades. Quizá me digas, la mitad del mar y te preguntaría ¿a qué profundidad? y ¿en qué día de olas?. Como el mar, puedes a veces contemplarlo, a veces sumergirte en él y disfrutar como un niño jugando con las olas. Y a veces hay tormentas y peligro... Para mí así es la vida, sin mitades.

un saludo!



2
De: Nfer Fecha: 2007-06-15 01:16

"—Estamos esperándote, ¡oh Calculador!, dijo el visir afablemente, y te ruego nos presentes sin demora la solución del problema. Queremos cumplir con la mayor urgencia las órdenes de nuestro gran Emir…

Al oír esa orden, Beremiz se inclinó respetuoso, hizo el habitual saludo, y habló así:

—El contrabandista Sanadik, de Basora, preso hace cuatro años en la frontera, fue condenado a prisión perpetua. Esa pena acaba de ser reducida a la mitad por justa y sabia sentencia de nuestro glorioso Califa, Comendador de los Creyentes y sombra de Allah en la Tierra…

Designemos por x el periodo de la vida de Sanadik, periodo que va desde el momento en que quedó preso y condenado hasta el término de sus días. Sanadik fue por tanto condenado a x años de prisión, esto es, a prisión perpetua. Ahora, en virtud de la regia sentencia, dicha pena se reducirá a la mitad. Si dividimos el tiempo x en varios periodos, importa decir que a cada periodo de prisión debe corresponder igual periodo de libertad.

—¡Perfectamente!, exclamó el visir con aire inteligente. Comprendo muy bien tu razonamiento.

—Ahora bien, como Sanadik ya estuvo preso durante cuatro años, resulta claro que deberá quedar en libertad durante igual periodo, es decir durante cuatro años.

En efecto, imaginemos que un mago genial pudiera prever el número exacto de años de la vida de Sanadik, y nos dijera: “Este hombre tenía solo por delante 8 años de vida cuando fue detenido”. Pues bien, en ese caso tendríamos que x es igual a 8, es decir Sanadik habría sido condenado a 8 años de prisión y esta pena quedaría ahora reducida a 4. pero como Sanadik ya está preso desde hace cuatro años, el hecho es que ya ha cumplido toda la pena y debe ser considerado libre. Si el contrabandista, por determinaciones del Destino, tuviera que vivir más de 8 años, su vida —x mayor que 8— podrá ser descompuesta en tres periodos: uno de 4 años de prisión —ya transcurrido—, otro de 4 años de libertad, y un tercero que deberá ser dividido en dos partes, prisión y libertad. Fácil es concluir que para cualquier valor de x —desconocido—, el detenido tendrá que ser puesto inmediatamente en libertad, quedando libre durante 4 años, pues tiene absoluto derecho a ese periodo de libertad, conforme demostré, de acuerdo con la ley.

Finalizado ese plazo, o mejor, terminado ese periodo, deberá volver a la prisión y quedar recluido durante un tiempo igual a la mitad del resto de su vida.

Sería fácil tal vez encerrarlo un año y devolverle la libertad al año siguiente. Quedaría, gracias a esa resolución, un año preso y otro libre, y de ese modo pasaría la mitad de su vida en libertad conforme manda la sentencia del rey.

Tal solución, sin embargo, solo sería cierta si el condenado viniera a morir el último día de uno de sus periodos de libertad.

Imaginemos que Sanadik, después de pasar un año en la cárcel, fuera puesto en libertad y muriera por ejemplo en el cuarto mes de libertad. De esta parte de su vida —un año y cuatro meses— habría pasado “un año preso” y “cuatro meses libre”. Esto no sería correcto, habría un error de cálculo. Su pena no habría sido reducida a la mitad.

Mas simple sería detener a Sanadik durante un mes y concederle la libertad al mes siguiente. Tal solución podrá, dentro de un periodo menor, conducir a error análogo. Y esto acontecería —con perjuicio para el condenado— si él, después de pasar un mes en la prisión, no tuviera luego un mes completo de libertad.

Podrá parecer, diréis, que la solución del caso consistirá al fin en detener a Sanadik un día y soltarlo al otro, concediéndole igual periodo de libertad, y proceder así hasta el fin de la vida del condenado.

Tal solución no corresponderá, con todo, a la verdad matemática, pues Sanadik —como fácil es comprender— podrá ser perjudicado en muchas horas de libertad. Basta para eso que muera horas después de un día de prisión.

Tener detenido al condenado durante una hora y soltarlo luego, y así sucesivamente hasta la última hora de la vida del condenado, sería la solución acertada si Sanadik muriera en el último minuto de una hora de libertad. De lo contrario su pena no habría sido reducida a la mitad que es lo que dispone el indulto.

La solución matemáticamente cierta, consistirá pues en lo siguiente:

Detener a Sanadik durante un instante de tiempo y soltarlo al instante siguiente. Es preciso, sin embargo, que el tiempo de prisión —el instante— sea infinitamente pequeño, esto es indivisible. Lo mismo ha de hacerse con el periodo de libertad que siga.

En realidad, tal solución es imposible. ¿Cómo detener a un hombre durante un instante indivisible y soltarlo en el instante siguiente? Hay pues que apartar esta idea y considerarla como imposible. Solo veo, ¡oh Visir!, una manera de resolver el problema: que Sanadik sea puesto en libertad condicional bajo vigilancia de la ley. Esa es la única manera de tener detenido y libre a un hombre al mismo tiempo.

El gran visir determinó que fuera atendida la sugestión del calculador y el infeliz Sanadik recibió aquel mismo día la “libertad condicional”, fórmula que los jurisconsultos árabes adoptaron en adelante con gran frecuencia en sus sabias sentencias.

Al día siguiente le pregunté qué datos o elementos de cálculo había conseguido recoger en las paredes de la prisión durante la célebre visita, y qué motivos le habían llevado a dar tan original solución al problema del condenado. Y me respondió:

—Sólo quien ya estuvo, aunque solo fuera por un momento, entre los muros tenebrosos de una mazmorra, sabe resolver esos problemas en que los números son partes terribles de la desgracia humana."

Tomado de "El hombre que calculaba", Cap. XXII; autor: Malba Tahan (pseudónimo de Júlio César de Mello e Souza)



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