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El círculo de Viena

por Malambo en Bloxito.Reflexiones | 2006-08-14 | 1 Comentarios


Eustaquio contaba historias. Al caer la noche encendía dos velas hechas por él con cebo de vaca, se sentaba en una silla petisa de mimbre, se tiraba hacia atrás y casi en penumbras contaba historias.

Pasaba horas hablando. Si había alguien allí lo escuchaba, si no, él igual las contaba en soledad. Así fue como en sucesivas veladas me enteré de la leyenda del pueblo dogon y su misteriosa astronomía, supe que el mar tenía otra orilla y que había hermosas tierras del otro lado del océano. Pero la anécdota que más recuerdo es la que le contó a él Pablo Medina sobre un círculo que hay o hubo en Viena.

El mundo está sumergido en ideas, decía separando las manos desde el mentón hacia afuera. Las ideas siempre emergen de a pares, una buena y otra mala, y se separan durante un tiempo que es tan pequeño que no existen relojes que puedan medirlo. A uno generalmente se le ocurren ideas neutras, es decir ideas que todavía no se separaron o que ya se volvieron a unir. El único destino para esas ideas es el olvido. Pero si tiene la suerte de que su cerebro ande justo por donde ocurre una división de ideas y le toca una buena, pues eso, se le habrá ocurrido una buena idea. La mala idea, compañera del par, vagará por el Universo hasta encontrar otro cerebro que la piense.

La noche que escuché la historia, Eustaquio hizo una pausa en este punto. No había ningún motivo, no quería imprimirle más tensión al relato ni removió las brasas como acostumbraba. Simplemente hizo una pausa.

Del otro lado del mar –continuó–, hay algo parecido a eso que los del pueblo llaman “ciudá”, pero tienen nombres diferentes para llamarlas. Dicen que hay una “ciudá” que se llama Viena y que en Viena hay una plaza y en el centro de la plaza un círculo. En ese círculo hay gente metida. Ellos no creen que nosotros existamos, explicaba mientras el vino nocturno lubricaba sus palabras, porque dicen que lo único que existe es lo que se “oserva” y que de lo único que tiene sentido hablar es acerca de lo que se mide. A mi nunca me oservaron ni me midieron, así que no debo existir.

En una época los del círculo de Viena fueron muy famosos. Todo el mundo veía que del círculo surgían las buenas ideas, montones de ellas. El mismo Pablo Medina fue testigo de ese fulgor. La gente se paraba en las cercanías de la plaza sólo a pensar buenas ideas, porque era lo único que emergía desde el círculo. "Usté" iba caminando por la veredita que daba vuelta al círculo, ¿vió? y de buenas a primeras se le ocurría una buena idea sobre algo. Al principio nadie entendía nada, pero despúes se dieron cuenta que las ideas debían provenir del círculo.

Sin embargo, hasta que se le ocurrió a Pablo, nadie había pensado que si tantas y tan buenas eran las ideas que emergían desde fuera del círculo de Viena debía ser porque hacia su interior solo se filtraban las malas ideas correspondientes. Era –cuenta Eustaquio que le decía Pablo– como si el círculo tuviese un imán para las malas ideas. Lo bueno, se consolaba, era que dejaban sueltas las buenas ideas del par y había gente que las detectaba y aprovechaba a pensarlas.

De Pablo no tuve más referencias que las de esa noche, pero de Eustaquio días atrás me enteré que había variado el tema de sus relatos. Ahora anda por la vida contando historias de radiación de agujeros negros y partículas subatómicas, elementos de tan insondable existencia como las ciudades de Viena y sus plazas con círculos.


Bloxito.Reflexiones | El círculo de Viena (2006-08-14 14:35) | 1 Comentarios

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De: Anónima Fecha: 2007-03-21 15:35

:)



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